4 Marcas de un Discípulo de Cristo: Primera Seguidor de Cristo. Por el Doctor en Teología y Apologética: Dr. José D. Díaz Pérez
- Dr. Jose D. Diaz Perez

- May 4
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Introducción
Nuestra misión primordial es hacer discípulos de Jesús (Mateo 28:18-20). Cuando no tenemos en claro cuáles son las marcas o características que anhelamos ver en los discípulos de Cristo, según la Escritura, vamos a crear discípulos deficientes como resultado final. Es importante notar que gran parte del discipulado de Jesús sucedió de camino a otro lugar. Es decir, cuando él viajaba de ciudad en ciudad compartiendo Su palabra con los demás. El ejemplo de Jesús nos recuerda claramente que el discipulado no se trata principalmente de hacer copias de nosotros mismos, de crear discípulos nominales, de transferir mera información, de transferir filosofías ministeriales, sino de una relación personal y genuina para que el discipulado camine con Jesús todos los días (Marcos 3:14).
Lo ideal es que un discípulo genuino haga nuevos discípulos. De hecho, no habría iglesia, ni campanas evangélicas en todo el mundo, ni conocimiento del Evangelio si los 12 discípulos no hubieran hecho discípulos. Así que, la meta de la Gran Comisión es un cambio de vida que crea más cambios en las vidas de las personas "a fin de presentar a todo hombre perfecto en Cristo" (Colosenses 1:29). Por ejemplo, la mujer junto al pozo trajo las buenas nuevas de salvacion a su pueblo creando discípulos solo momentos después de escucharlas de Jesús (Juan 4:1-42). El endemoniado se convirtió en hacedor de discípulos en toda la Decápolis justo después de que recuperó la cordura (Marcos 5:1-20).
Con eso establecido, vale la pena preguntarnos:
¿Cuáles son las características que deben de estar presentes en un verdadero discípulo de Jesús?
La meta es demostrar bíblicamente cuatro marcas o características fundamentales para ser un discípulo auténtico de Cristo. Hoy estaré desarrollando la primera marca o característica esencial de un verdadero seguidor de Cristo:
1 Seguidor de Cristo
La palabra seguidor se define como una persona que sigue las enseñanzas o ideas de un líder espiritual. El seguidor tiene la tarea de aprender y actuar como su maestro. Está implícito que el maestro espera que el seguidor dé frutos y los manifieste. Al igual, un discípulo seguidor de Cristo fue elegido por Dios para llevar frutos en abundancia (Juan 15:16). Ahora, es verdad que existen muchos candidatos en el mundo a ser seguidores; sin embargo, en realidad no todos cumplen con el llamado.
¿Por qué? Porque es un llamado a negarse a uno mismo. Esta es una marca esencial de un seguidor discípulo de Cristo. Jesús dijo que si vamos a ser uno de Sus seguidores (discípulos), tenemos que tomar nuestra cruz cada día y negarnos a nosotros mismos (Lucas 9:23).
En otras palabras, un seguidor de Cristo vive al morir, gana al perder, es exaltado camino hacia abajo, da para recibir y se arrepiente para obtener victoria (Lucas 9:24-26). Es decir, está marcado por estas cualidades paradójicas.
Existen diversos tipos de seguidores en el mundo. Por ejemplo, seguidores de Buda, Mahoma, San Pedro, del deporte, entre otros, pero aquí surge la verdadera pregunta: ¿Quién es tu maestro? ¿En quién has depositado tu fe? ¿Es Jesús tu Señor y Salvador? ¿Quién es Jesús?
Analicemos la respuesta de Pedro que abarca una respuesta concreta a todas estas preguntas: "Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mateo 16:16-18). La palabra Cristo significa el Ungido de Dios, en hebreo se utiliza para el Mesías, de manera que podemos ver que el Ungido, el Mesías, o el Cristo, es lo mismo. El punto es que no es meramente confesar ser seguidor de cualquier maestro o cosa, sino ser un auténtico seguidor de aquel quien puede dar la vida eterna. Es en la persona de Jesús sobre la cual confesamos nuestra fe, confianza y esperanza. Un seguidor de Cristo está marcado por esta evidencia externa. En otras palabras, el principio de ser un seguidor de Cristo comienza por confesar y creer en Él como Señor y Salvador (Romanos 10:9-10, 13). Es esta confesión la que está "en el centro del corazón de Jesús al estar interactuando con sus discípulos (Hechos 5:42)." (P. Adam McClendon and Jared E. Lockhart, Timeless Church: Five Lessons from Acts (Nashville, TN: B&H Academic, 2020)).
De la misma manera que Jesús eligió a 12 individuos únicos entre sí para ser discípulos (seguidores) fieles, también ha elegido a un grupo de individuos únicos y nos unió a todos para formar marcas o características únicas como parte del cuerpo de Cristo (Gálatas 3:26-28). La iglesia, es deicr, nosotros los creyentes somos creados por Dios únicos en lo individual con talentos y dones espirituales (Salmos 139:14), pero también somos seguidores de Cristo para gloria de Dios (Isaías 43:7). Como seguidores de Cristo, elegidos mucho antes de la creación del mundo, Dios ha predestinado un propósito y un plan eterno para nuestras vidas (Jeremías 1:4-5). Este plan acarrea una relación íntima caminando cada día como Cristo y con Cristo.
De manera que un seguidor de Cristo confiesa su fe, confianza y esperanza en Jesús (Mateo 10:32), pero también hay un vacío impasable entre las personas y familiares que no conocen de Cristo. Es decir, una marca indiscutible de ser un seguidor de Cristo es evidente en el precio a pagar por ser seguidor de Cristo. En ocasiones, vamos a tener que atravesar una separación, conflictos y sufrimientos permanentes de amistades, familiares, padres y hasta hijos; a menos que estas personas vengan a ser seguidores de Cristo. De hecho, no podemos ser dignos de ser llamados seguidores de Cristo a menos que estemos dispuestos a sufrir y cargar nuestra cruz (Mateo 10:34-37; Lucas 14:25-33). De hecho, Jesús va más allá de esto ilustrando la cruz como símbolo de muerte; es decir, si un seguidor de Cristo no está dispuesto a tener conflictos con el mundo a grado tal que le podría costar hasta la muerte, no puede ser llamado un seguidor (discípulo) de Cristo (Mateo 10:38-39; Lucas 14:27-33). Por lo tanto, un seguidor de Cristo tiene la marca o característica no de una teología centrada en el hombre sino Cristo-céntrica.
Algunos ejemplos de personas que casi se convierten en seguidores de Cristo; sin embargo, amaron más al mundo, placeres y posesiones.
Hay un contraste que podemos encontrar en una de las parábolas de Jesús. En Marcos 10:21, Jesús le está hablando a este joven rico que quiere ser un seguidor de Cristo y pregunta cómo obtener la vida eterna. Jesús responde confrontando su pecado de justicia personal. Este joven quiere ser seguidor, pero sin pagar el precio. Este joven quiere ser un seguidor de Jesús, pero sin marcas que comprometan su dinero. Este joven fue confrontado por Jesús a estar dispuesto a entregar la justicia personal y posesiones personales como marca de un seguidor auténtico; sin embargo, él no quiso dejar sus posesiones (Marcos 10:22). El precio a pagar era estar dispuesto a dejarlo todo, a morir a uno mismo, a sufrir por causa de Cristo, a estar separado de su familia y del mundo, y a estar alejado de las cosas materiales. El joven rico prefirió toda su teología de justicia personal y riquezas, rechazando totalmente ser un seguidor de Cristo. La marca de un auténtico seguidor-discípulo de Cristo es todo o nada.
Esta proposición fue hecha a otro grupo de candidatos a ser seguidores de Cristo en Lucas 9:57. Una vez más, Jesús iba por el camino y un grupo de candidatos a ser seguidores le dice: "Te seguiré adondequiera que vayas." Jesús respondió: "¡En serio! No vamos a hospedarnos en el Trump International Hotel and Tower" (enfazis y parafraseando). Espero que esto no te afecte negativamente (Lucas 9:58)." En otras palabras, la proposición de Jesús fue estar dispuesto a perderlo todo. Sin embargo, ellos no aceptaron.
Acabando de hacer esta declaración, Jesús hace la misma proposición a otro candidato a ser seguidor. Este momento es significativo, ya que refleja la naturaleza del llamado de Jesús y la respuesta que se espera de aquellos que desean ser sus discípulos. Al escuchar y ver que Jesús no tenía nada material que ofrecerle, el candidato se enfrenta a una decisión crucial. A pesar de la falta de promesas terrenales o recompensas visibles, él anhela una herencia, un legado espiritual que le permita comenzar su camino hacia el seguimiento de Cristo. Esta búsqueda de una herencia puede interpretarse como un deseo de asegurar un lugar en el Reino de Dios, lo que implica una comprensión más profunda de lo que significa ser un seguidor de Jesús (Lucas 17.23; Juan 12.24-25). El mensaje de Jesús no se centra en la acumulación de bienes materiales o en la búsqueda de una vida cómoda, sino en la transformación del corazón y en el sacrificio personal. En este contexto, el candidato debe considerar si está dispuesto a renunciar a sus deseos terrenales y a seguir a Jesús con un compromiso total, entendiendo que el verdadero valor de su herencia no radica en lo que puede obtener, sino en lo que puede dar y en la vida que puede experimentar al seguir a Cristo. Este encuentro también pone de manifiesto la invitación universal de Jesús a todos los que buscan un propósito y un sentido en sus vidas. Es un llamado a dejar atrás las preocupaciones mundanas y a abrazar una vida de fe, donde la verdadera riqueza se encuentra en la relación con Dios y en el servicio a los demás. Así, la historia de este candidato se convierte en un reflejo de la lucha interna que muchos enfrentan al considerar el costo del discipulado y la naturaleza del verdadero seguimiento de Cristo.
Es evidente que estos dos personajes están ilustrado en la sociedad de hoy en día; simplemente no cumplen con las características de ser seguidores auténticos de Cristo. Existe una característica estándar que establece Jesús para sus seguidores y es negarse por completo a uno mismo. Esta característica se define por cambiar la mente u opinión acerca de una cosa. Vemos, pues, que naturalmente acompaña la creencia en Cristo y el arrepentimiento, porque no sería posible poner la fe en Él sin cambiar la opinión acerca de la manera de salvarse. En otras palabras, tenemos que reconocer la imposibilidad absoluta de salvarse a sí mismo y la suficiencia de Cristo como el único Salvador (Lucas 17:23; Juan 12:24-25).
Por esto es tan importante la confesión de Pedro en Mateo 16.15, donde declara con firmeza: "Tu eres el Cristo." Esta afirmación no es simplemente una respuesta a una pregunta; es un reconocimiento profundo y fundamental de la identidad de Jesús. Un seguidor auténtico de Cristo no solo acepta esta verdad, sino que también llega a esta conclusión correcta sobre quién es Jesús a través de una experiencia personal y espiritual.
Este momento de revelación es crucial, ya que marca el punto culminante de la fe cristiana: confesar y creer que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías prometido que vino a redimir a la humanidad. La confesión de Pedro no es solo un acto verbal, sino una declaración que implica una transformación interna y un compromiso profundo. Este reconocimiento de la divinidad de Cristo es lo que diferencia a los verdaderos seguidores de aquellos que simplemente se identifican como creyentes.
La fe en Jesús como el Cristo lleva a una vida de discipulado, donde el creyente se esfuerza por imitar a Cristo y seguir sus enseñanzas. Como resultado de esta confesión, los seguidores de Cristo son llamados a ir y hacer otros seguidores en el mundo, lo que se conoce como la Gran Comisión. Esta tarea de evangelización es vital, ya que implica compartir la buena nueva del evangelio y la salvación que se encuentra en Jesús. La promesa de que "las puertas de la muerte no prevalecerán" (Mateo 16.15-19) es un poderoso recordatorio de que la misión de los creyentes está respaldada por la autoridad divina. Esto significa que, aunque enfrenten oposición y desafíos, el poder de Cristo asegura que su mensaje y su obra en el mundo no serán derrotados.
En resumen, la confesión de Pedro es un pilar fundamental de la fe cristiana, ya que establece la base sobre la cual se construye la vida de cada creyente. Reconocer a Jesús como el Cristo no solo transforma la vida del individuo, sino que también tiene un impacto eterno en la comunidad y en el mundo entero, llevando a la expansión del reino de Dios a través de la fe y la acción. Este llamado a la acción es lo que impulsa a los creyentes a vivir de manera activa y comprometida, llevando el mensaje de esperanza y redención a todos los rincones de la tierra.
Por:
José D. Díaz Pérez
DMIN Teología y Apologética
Liberty University, VA

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