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Plantando Semillas de Fe: La Gran Comisión como Práctica Fundamental en la Iglesia Contemporánea

  • Writer: Dr. Jose D. Diaz Perez
    Dr. Jose D. Diaz Perez
  • Mar 11
  • 3 min read


La tierra fértil y el arduo trabajo del campo me enseñaron una lección invaluable sobre la fe, gracias a mi esposa, la ingeniera agrónoma Viviana A. Sánchez Campuzano. Dedicada a la agricultura desde siempre, su tesis universitaria sobre el ciclo y el proceso del cacao me abrió los ojos a un proceso lleno de paciencia y propósito. Por lo tanto, un agricultor es responsable de preparar el suelo, revolver la tierra, seleccionar y plantar la mejor semilla, regarla con agua y fertilizante, eliminar toda la maleza y fumigar el área para evitar enfermedades.


Cuando nos conocimos, experimenté muy de cerca, en la finca de su padre, Sebastián Severo, lo que implica cultivar: preparar el suelo, sembrar con esmero la mejor semilla, nutrirla con agua y fertilizantes, y protegerla con celo de la maleza y las plagas.

Cuando las plantas o árboles se colocan muy cerca unos de otros, se tienen que trasplantar o sacrificar algunos árboles por el bien de la cosecha. Al llegar el tiempo de la cosecha, se recogía todo el fruto para, en ocasiones, plantar otro cultivo que brindara más oxígeno a la tierra. Pude observar de primera mano cómo su familia trabajaba la tierra: fumigando, podando los árboles, eliminando la maleza y, a veces, plantando nuevas semillas donde las anteriores no habían emergido.


La agricultura es una excelente metáfora para ilustrar la práctica fundamental de plantar semillas de fe en la iglesia contemporánea. Al igual que un árbol de cacao, que a largo plazo da su primer fruto (a los 4-6 años de edad), la semilla de la fe trae frutos impactantes en la sociedad en que vivimos. Cada acción —fumigar, podar, resembrar donde una semilla no germinó— es un acto de fe y perseverancia.


Las estadísticas de diferentes conferencias anuales revelan que la iglesia contemporánea Bautista del Sur (SBC) está sufriendo un declive de membresía (Hammet: "12.7 millones en 2024 de 16 millones en 2016") en cada distrito. Las encuestas mencionan preocupación por la disminución en la membresía, el bajo número de bautismos y el incumplimiento de la Gran Comisión. Este declive está ocurriendo a pesar de que muchas iglesias se plantan cada mes en el mundo. La última vez que la SBC tuvo cifras similares fue en 1975.


¿Por qué la SBC está atravesando este declive?


Sin un cambio sistemático en los líderes narcisistas y una renovación de nuestras mentes en este asunto, les aseguro que no habrá cambio y esto continuará hasta la destrucción de la propia denominación. He visto y vivido este declive de cerca, ya que he sido miembro y líder de varias iglesias bautistas del sur. El declive en participación y membresía: "los pocos bautismos y los escasos recursos financieros no son el problema, como muchos líderes identifican; son el síntoma de un problema espiritual mucho más profundo" (Hileman).

Alguien dijo una vez: “Planta dinero y lo verás crecer.” Esta frase se usa para hablar de inversión y de cómo aquello que sembramos puede multiplicarse con el tiempo. Sin embargo, la naturaleza misma nos enseña una verdad aún más profunda. Si plantamos una semilla real en la tierra, con paciencia veremos cómo emerge, crece, se convierte en un árbol y finalmente produce fruto. Todo crecimiento comienza con una semilla.


De la misma manera ocurre en la vida espiritual. El Dios de lo imposible no tiene límites, porque nada es imposible para Dios. Lo que para los seres humanos parece pequeño, insignificante o incluso imposible, en las manos de Dios puede transformarse en algo grande y abundante.


Cuando renovamos nuestra mente, alineando nuestros pensamientos con la verdad y la esperanza, comenzamos a sembrar semillas diferentes: semillas de fe, de amor, de obediencia y de buenas obras. Y cuando esas semillas se siembran con manos limpias y un corazón sincero, comienzan a producir resultados visibles.


Así, el Dios invisible se manifiesta a través de lo visible: en nuestras acciones, en nuestras decisiones y en los frutos que produce nuestra vida. Lo que empezó como una pequeña semilla de fe puede crecer hasta convertirse en una obra que bendice a muchos.

Por eso, cada pensamiento, cada palabra y cada acción es una semilla. Si sembramos fe, perseverancia y confianza en Dios, el fruto llegará. Y cuando Dios hace crecer lo que sembramos, el resultado no es escaso ni limitado: da fruto abundante, al ciento por uno. En otras palabras, lo que sembramos hoy con fe y obediencia, mañana puede convertirse en una cosecha que glorifique a Dios y transforme vidas.


¿Qué debemos hacer?


Será hasta el próximo mensaje…


¡Dios los bendiga!


Por: El Dr. José D. Díaz Pérez y la Ingeniera/Teóloga Viviana A. Sánchez Viviana Anabel Sánchez Campuzano


Notas:

        1. John S. Hammett, Biblical Foundations for Baptist Churches: A Contemporary Ecclesiology (Grand Rapids, MI: Kregel Academic, 2019), 347–348.

        2. Bob Smietana, “Southern Baptists: Revolution Redux,” Christianity Today (Carol Stream, IL: Christianity Today International, 2009), 53:8:14.

 
 
 

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