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Tercera Parte: Plantando Semillas de Fe: La Gran Comisión como Práctica Fundamental en la Iglesia Contemporánea

  • Writer: Dr. Jose D. Diaz Perez
    Dr. Jose D. Diaz Perez
  • Mar 18
  • 7 min read

Descenso de la SBC


Retomando la historia inicial en la primera parte de este blog "Plantando Semillas de Fe" mencione que el trabajo del campo me enseño una lección invaluable sobre la fe, gracias a la ingeniera agrónoma Viviana A. Sánchez Campuzano.  Un agricultor siembra una semilla y, sin que él sepa cómo, esta brota y crece por sí sola, día y noche. Primero aparece la hierba, luego la espiga y finalmente el grano. Cuando el grano está maduro, se recoge la cosecha. Este ciclo se repite una y otra vez demostrando así que es un proceso lleno de paciencia y propósito.


Cuando Jesús nos encomendó la Gran Comisión en Mateo 28:19-20, nos llamó a una tarea monumental: "id y haced discípulos a todas las naciones". Esta misión, aunque es un pilar de nuestra fe, a menudo nos lleva por un camino inesperado de lucha, crecimiento y, a veces, de algo parecido al duelo. La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross desarrolló un modelo de cinco etapas del duelo para describir cómo las personas afrontan una pérdida. Curiosamente, este modelo puede ofrecer una perspectiva reveladora sobre los desafíos emocionales y espirituales que enfrenta la iglesia contemporánea bautista (SBC) y como individuos, al vivir la Gran Comisión. No se trata de una endecha por una muerte física, sino por la pérdida de nuestras expectativas, el narcisismo (sentido de superioridad), la arrogancia, la comodidad y, a veces, la fe ingenua al enfrentar la dura realidad de un mundo que necesita desesperadamente a Cristo.

 

Las cinco etapas de Kübler-Ross que estaré utilizando como modelo para presentar mi argumento son la negación, ira, negociación, depresión y aceptación. La primera etapa es la negación. Esta es todo lo opuesto a la última etapa aceptación.[1]

 

1. Negación: "Esto no esta sucediendo con nosotros"


La primera etapa, la negación, puede manifestarse como una resistencia a no aceptar la realidad de la situación en la iglesia bautista del sur. Solamente recuerdan los buenos y gloriosos viejos tiempos y olvidan la responsabilidad personal de evangelizar.[2] Recuerdan y reconstruyen sus logros pasados y los presentan como si fueran el presente.

Ignoran activamente el declive y evitan hablar o hablan mal de los miembros que se han ido, continúan con sus rutinas y tradiciones. A pesar de que la asistencia, la participación y el número de voluntarios han disminuido notablemente, la iglesia se niega a adaptar o cambiar su formato, hábitos o actitud.[3] Esencialmente, operan con la mentalidad de "seguir como siempre", ignorando por completo la crisis y la necesidad urgente de un cambio para sobrevivir.[4]

 

Esta negación a menudo nace del miedo al rechazo o al fracaso. Pedro, uno de los discípulos más cercanos a Jesús, negó conocerlo no una, sino tres veces por temor.

 Su historia nos recuerda que incluso los más fervientes pueden flaquear. Sin embargo, así como Jesús restauró a Pedro, también nos ofrece su gracia para superar nuestra negación.

 

Reflexión bíblica:

La negación nos aleja del propósito de Dios. Debemos recordar que Dios nos ha creado a su imagen y nos ha dado un propósito. Él no nos llama a ser perfectos, sino a ser fieles. Como dice en 1 Pedro 5:8, debemos estar alerta, porque nuestro enemigo busca devorarnos, y una de sus tácticas es hacernos dudar de nuestro llamado.

 

 

La Segunda etapa es la ira y culpa. 

 

2. Ira: "¿Por qué no vemos frutos?"


En la etapa de la ira, la iglesia ya no puede negar su declive y comienza a buscar culpables. [5] Todos en la organización buscan un chivo expiatorio, culpando a otros por los problemas. La Biblia nos muestra que la ira no es intrínsecamente un pecado; de hecho, puede ser una respuesta justa a la injusticia. El problema surge cuando dejamos que la ira nos consuma y nos lleve a la amargura o al desánimo. Efesios 4:26 nos advierte: "Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día".

 

Reflexión bíblica:


Proverbios 14:17 (RVR1960) dice: "El que fácilmente se enoja hará locuras".

Un pastor lider no narcisista debe actuar como un ministro de reconciliación. Es crucial que la congregación deje de culpar al pasado, los nuevos miembros/lideres y asuma la responsabilidad de sus acciones en el presente, ya que la culpa y el enojo son incompatibles con la misión de la iglesia arraigada en el amor de Cristo. Antes de poder crecer y evangelizar efectivamente, la iglesia debe superar esta ira y culpas, especialmente aquellas proyectadas injustamente.[6]


Cuando finalmente aceptamos el desafío, a menudo nos enfrentamos a la frustración. La ira puede surgir al ver la aparente indiferencia del mundo, la lentitud del crecimiento de la iglesia o la falta de resultados visibles a pesar de nuestros mejores esfuerzos. Podemos sentir enojo hacia la cultura, hacia nosotros mismos por no ser "suficientemente buenos", o incluso hacia Dios, preguntándonos por qué permite que la tarea sea tan difícil.[7] La ira descontrolada puede llevarnos a tomar malas decisiones y dañar nuestro testimonio. En lugar de aferrarnos al enojo, debemos llevar nuestras frustraciones a Dios en oración. Él puede transformar nuestra ira en una pasión renovada por su justicia y su amor.

 

La Tercera etapa es la negociación. 

 

3. Negociación: "Señor, si tú haces esto, yo haré aquello"

 

En la etapa de negociación, la iglesia da la impresión de estar lista para los cambios verdaderos en un intento de recuperar el control, pero en realidad no lo está. Buscan "crecer" al mismo tiempo que intentan aferrarse a sus costumbres, programas y comodidades actuales, como su alfombra favorita o la sala juvenil.[8] Reconocen la necesidad de cambiar, pero no están dispuestos a aceptar que el cambio es difícil, buscando hacer la transición lo más fácil posible.[9] Buscando fórmulas, estrategias y programas que prometen resultados rápidos y garantizados, a menudo para evitar el trabajo lento y paciente de construir relaciones y sembrar semillas de fe una persona a la vez. Esta etapa revela nuestra tendencia a apoyarnos en nuestra propia prudencia en lugar de confiar plenamente en la soberanía de Dios. 

 

Reflexión bíblica:


El rol de un pastor en esta fase es ser un "visionario creativo y rompedor de ídolos". Debe ayudar a la iglesia a identificar los "ídolos" a los que se aferran y mostrarles alternativas saludables que glorifiquen a Dios, en lugar de las cosas a las que se aferran desesperadamente.


La historia de Abraham negociando con Dios por Sodoma y Gomorra en Génesis 18:16-33 nos muestra un modelo de intercesión persistente, pero basado en la humildad y el conocimiento del carácter justo de Dios, no en un intento de manipularlo. Debemos recordar que nuestro llamado es a la obediencia, no necesariamente al éxito medible según nuestros estándares.

 

La Cuarta etapa es la depresión. 

 

4. Depresión: "El peso es demasiado grande"

 

La magnitud de la tarea puede ser abrumadora. En la etapa de depresión, la iglesia, lejos de negar sus problemas, se obsesiona con ellos.[10] La conversación principal gira en torno a su estado lamentable, y una desesperación colectiva de "¡Oh, qué vamos a hacer!" impregna el ambiente.[11] El culto es monótono y sin alegría, y las actividades como la oración, el estudio bíblico o el ayuno apenas congregan a nadie.[12] La falta de resultados, el rechazo constante y la aparente oscuridad del mundo pueden llevarlos a una etapa de profunda tristeza y desesperanza, similar a la depresión. Figuras bíblicas como Elías y Jeremías experimentaron momentos de profunda angustia en su ministerio, sintiéndose solos y derrotados. Elías, después de una gran victoria, huyó al desierto y pidió a Dios que le quitara la vida. (1 Reyes 19:4).

 

Reflexión bíblica:


Esta etapa de "depresión espiritual" es un recordatorio de nuestra fragilidad humana. Nos damos cuenta de que no podemos cumplir la Gran Comisión con nuestras propias fuerzas. El Salmo 34:18 nos asegura: "El SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido".  Es en nuestra debilidad donde el poder de Dios se perfecciona (2 Corintios 12:9-10). Cuando nos sentimos abrumados, es el momento de apoyarnos más que nunca en Dios, nuestro refugio y fortaleza. 

 

5. Aceptación: "Hágase tu voluntad"


Finalmente, a través de la lucha y la dependencia de Dios, podemos llegar a la aceptación. En la etapa de aceptación, la iglesia finalmente reconoce la realidad de su declive, asume la responsabilidad y se enfoca en Cristo, dando inicio a una verdadera revitalización. Esta fase se caracteriza por la esperanza, la confianza y una actitud de "¡Sí! y ¡Amén!" hacia una nueva visión.[13] La congregación comienza a actuar con una fe proactiva, incluso antes de ver resultados, como presupuestar becas para jóvenes aunque no haya ninguno en la iglesia. Abandonan sus viejas limitaciones y se comprometen con prácticas espirituales renovadas.

 

Con esta nueva mentalidad, se abren a posibilidades radicales que antes eran impensables, como vender el edificio, remodelar, plantar una nueva iglesia con parte de sus miembros o invertir sus fondos en nuevos proyectos de evangelismo.[14] La aceptación no es resignación, sino el punto de partida para una vida nueva y un ministerio fructífero, limitado solo por la fe en un Dios para quien nada es imposible.[15]

 

 

Reflexión bíblica:


Esta no es una resignación pasiva, sino una confianza activa y madura en Dios. Aceptamos que los resultados están en sus manos y que nuestro papel es ser fieles sembradores. En esta etapa, nuestro servicio en la Gran Comisión ya no está impulsado por la culpa, el miedo o el deseo de resultados, sino por un amor profundo por Dios y por las personas que Él anhela alcanzar. Entendemos que, aunque estamos "afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados" (2 Corintios 4:8). La aceptación se refleja en la oración de Jesús en el Getsemaní: "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). Es un eco de la fe de María, quien respondió al anuncio del ángel con: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1:38). Esta es la postura de un corazón que ha encontrado la paz no en la ausencia de dificultades, sino en la presencia constante de Dios.

 

Conclusión: 


Nuestro Viaje de Fe Continua…!

 

Reconocer estas etapas en nuestro caminar sembrando semillas de fe puede ser liberador. Nos permite ser honestos con nuestras luchas y buscar la gracia de Dios en cada paso. La misión no es fácil, pero no estamos solos. La lucha no es entre hermanos en Cristo, sino contra principados, potestades y huestes celestiales de maldad. Al igual que Pedro fue restaurado y empoderado después de su negación, la iglesia SBC y otras que se encuentran en el mismo declive también puede encontrar perdón, fuerza y un propósito renovado al perseverar en la fe, sabiendo que Aquel que nos llamó es fiel para completar la obra que comenzó en nosotros.

 

Notas: 

[1] Leah J. Hileman, Sometimes We Plant, Sometimes We Fertilize: Making Church Revitalization a Priority, Atlas Serials, Fall 2014.

[2] Ibid. 

[3] Ibid. 

[4] Ibid. 

[5] Ibid. 

[6] Ibid. 

[7] Ibid. 

[8] Ibid. 

[9] Ibid. 

[10] Ibid. 

[11] Ibid. 

[12] Ibid. 

[13] Ibid. 

[14] Ibid. 

[15] Ibid.


Por el Dr. Jose D. Diaz Perez

 
 
 

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